El Amor Conyugal (1.8)

En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo, Amén.

En la lección anterior vimos que tenemos un Padre que está en el Cielo, velando para que sus hijos tengan todo lo necesario para ser felices.

Viene al caso otra historia corta también real  como todas las que contaremos en este curso de Formación. Un testimonio de alguien de nuestro grupo.

““Tenía algunos meses de novio con mi novia, y la gran mayoría de ese tiempo me la pasé trabajando en otra ciudad, alejada unas 6 horas por carretera.

Debido a una huelga en la empresa donde trabajaba, despidieron a mucho personal y entre ellos, salí también yo. Así es que me regresé a mi ciudad y empecé a buscar trabajo por algunas semanas. No dejaba ningún día de encomendarme a Dios para que me mostrara la mejor oportunidad de trabajo. No tuve éxito para encontrar trabajo y empecé a idear a dónde más pudiera irme para conseguirlo.

Lo platiqué con mi Novia, la idea de irme a una ciudad más grande donde vivían mis hermanas y me aseguraban que había mucha oferta para el trabajo que yo hacía (alejada unos 2000 km.) Mi novia me dijo que estaba bien, que no iba a ser Ella quien me detuviera si ese era mi plan y mi deseo. Y agregó: Pero que desde el momento que me fuera dejaríamos de ser novios. Porque no era bueno para nadie una relación desde muy lejos. Que si algún día regresaba para quedarme y si ambos seguíamos libres de compromisos que podríamos platicar nuevamente.

Me puse muy triste y no sabía qué hacer, definitivamente era una decisión muy difícil la que tenía que tomar. El día anterior a mi partida, fui al templo donde conocí a mi Novia y platiqué con mi Señor Jesús, pero no de una manera impersonal, sino que me veía con Él, sentados en una banca, (como la imagen de la diapositiva), y le conté lo siguiente:

<Señor Jesús, te doy gracias por haberme hecho el mejor regalo: mi novia a quien quiero mucho. Te aseguro que no me quiero ir, pero si me quedo no tengo nada que ofrecerle. Te pido que me ayudes a tomar una buena decisión que beneficie a todos>.

Y Él me contestó con voz firme y con poder: ¡Yo te quiero aquí!

¡Zas! Me sentí un ser humano único, excepcional, irrepetible, insustituible.

Luego esa noche me habló un amigo a quien no veía desde hacía algunos años y me dijo que tenía una fábrica y que sabía de mi capacidad y requería mi ayuda por lo menos un año. (Duré trabajando con él 13 años).

Decidí quedarme y esa decisión efectivamente benefició a todos, a Mí, a mi Novia (ahora mi esposa), a mi amigo y en el futuro también benefició a mis hijos, porque probablemente si me hubiera ido ellos no hubieran nacido. ¿Solo Dios sabe?””

¡Que Dios todopoderoso te bendiga a Ti y a tu pareja!

Señor Jesucristo, hemos pasado mucho tiempo sin confiar en Ti, pero hoy queremos decirte que eres nuestro único Dios y ponemos en Ti nuestra esperanza.

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