Las Decisiones

En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo, Amén.

 La persona humana participa del mundo material, poseemos un ADN, nacemos, nos reproducimos y morimos; es decir, que estamos limitados por el tiempo y por el espacio, como cualquier otro ser vivo.

Pero, también participamos del mundo espiritual, que es lo que nos especifica como Homo sapiens sapiens.

Como una especie superior a las demás especies: que piensa; que posee un mundo interior donde se vive; que es capaz de crear; de dirigir su Vida; de transformar el medio ambiente y adaptarse a él.

Que siente; que decide y responde a lo que le sucede con responsabilidad o no; que es capaz de amar y de comprometerse; que puede actuar con inteligencia y voluntad, es decir, con libertad.

Que puede impregnar de intencionalidad esos actos; que posee ilusiones, sueños, proyectos; que posee una identidad relacional, ya que siempre se presenta, por ejemplo, como hijo, hermano, esposo,  padre, amigo, alumno, maestro, súbdito, colega, compañero, jefe de alguien.

Que se perfecciona y enriquece con esas relaciones que le identifican; que es capaz de poseer bienes; que es capaz de forjarse en una persona valiosa, como en una deplorable; que posee derechos inherentes a su condición humana, que se han de respetar y promover;  que vive una intensa Vida emocional.

Realidades, todas ellas, que aunque son más difíciles de entender y de medir por las ciencias exactas, son igualmente verdaderas sobre la naturaleza humana.

No dejemos que los demás decidan por nosotros, como dice el viejo refrán: “Si quieres que algo se haga como tú quieres, hay que hacerlo nosotros mismos”.

Estas líneas nunca tomarán Vida y te obligarán a hacer lo correcto, pero pasa que: “A veces dejamos que los demás decidan por nosotros, y esto es por demás inaceptable e imperdonable“.

Somos responsables de todas nuestras decisiones, buenas o malas.

Si fueron MALAS, recordemos y analicemos:

–para replantear las prioridades,

–para cambiar la estrategia, para rescatar lo bueno,

–para conocer las causas, para remediar los efectos,

–para aprender de los errores, para aprender de los aciertos,

–para intentar el cambio, para afianzar nuestros valores,

–para…… levantar el vuelo nuevamente.

Ojalá que siempre tomáramos la mejor de las decisiones, pero no siempre es así, nos olvidamos de ese dicho que a asegura que “Se cosecha lo que se siembra”.

Si sembramos estudio, cosecharemos preparación.

Si sembramos trabajo, cosecharemos poder.

Si sembramos previsión, cosecharemos tranquilidad.

Si sembramos amistad, cosecharemos ayuda por siempre.

Si sembramos confianza en Dios, cosecharemos una existencia plena.

Y por el otro lado:

Si sembramos vagancia, cosecharemos mediocridad.

Si sembramos libertinaje, cosecharemos inseguridad.

Si sembramos pecado y crimen, cosecharemos muerte.

“Todos los días todo mundo tomamos decisiones, unas importantes y otras no tanto, pero no cabe duda de que todas las decisiones nos van llevando por un rumbo diferente dependiendo de lo que decidamos. Cada día las decisiones que tomamos, ponen frente a nosotros un número infinito de posibilidades para vivir de muy diferentes maneras. Todas nuestras células y sus moléculas con ellas, saltan sin desearlo de un universo paralelo a otro, a más allá de la velocidad de la luz, varias veces en el día”.

REFLEXION DE UN HOMBRE FELIZMENTE CASADO EN EL TIEMPO REAL:

«Mis decisiones pasadas dieron como resultado mi Matrimonio y mi Familia actual y nunca me cambiaría por ninguna persona, de ninguna época del mundo, aunque haya sido más afortunada que Yo”.

“Si volviera a nacer haría exactamente todo igual, pues mi Cónyuge y mis Hijos es lo que quiero guardar en mi Mente y en mi Espíritu para llevarlos conmigo……… por toda la eternidad”.

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